Ecos del Tinkunaco y la devoción popular expresada en el canto y las cajas

 



Luego de la tradicional Celebración del Tinkunaco, un grupo de artistas populares volvió a manifestar su fe a través del canto y el sonido de las cajas, acompañando a las imágenes de San Nicolás, San Francisco y el Niño Alcalde.



Tras la culminación del Tinkunaco, mientras los peregrinos ingresaban al templo para saludar a las imágenes sagradas, el canto profundo y el retumbar de las cajas se hicieron presentes como una expresión viva de la religiosidad popular. Se trató de un grupo de fieles y artistas que, año tras año, participan de esta celebración llevando su devoción a través de la música ancestral.

Los integrantes se definen como artistas populares, vinculados al canto, a los tambores y a las expresiones tradicionales del pueblo. Desde hace tiempo se congregan para marchar con el Niño Alcalde desde San Francisco hasta el Tinkunaco, finalizando su recorrido con cantos en la Catedral. En algunas oportunidades el grupo reúne a más de treinta personas, unidas por la fe y la cultura popular.

Entre ellos hay cantores, músicos vidaleros y chayeros que sienten la necesidad de acompañar al Niño Alcalde, símbolo de los pueblos originarios que habitaron estas tierras antes de la llegada de los españoles. A través de villancicos, huellas y cantos vinculados al nacimiento y al Tinkunaco, resignifican antiguas expresiones que alguna vez representaron dominación y las transforman en cantos de liberación del pueblo.

Cantarle al Niño, a San Nicolás y participar del Tinkunaco es, para ellos, una emoción profunda y un motivo de orgullo como riojanos. Cada año esperan esta fecha con la alegría de formar parte de una de las celebraciones más importantes de la provincia, llevando también el tradicional ramito de albahaca que identifica a los chayeros.

 

 

En sus reflexiones, también resaltan el sentido histórico del Tinkunaco como un acuerdo de paz ligado a los orígenes del pueblo y al valor del agua como recurso fundamental para la vida. En ese marco, destacaron la mirada pastoral que, desde monseñor Marcelo Colombo hasta la actualidad con monseñor Dante, acompaña las necesidades del pueblo y la defensa de sus derechos, especialmente en tiempos difíciles.

Los tambores, aseguran, expresan el deseo de paz, de crecimiento y de bienestar para el pueblo argentino. Están presentes en momentos de alegría, de tristeza, de lucha y de esperanza, acompañando las distintas manifestaciones sociales y religiosas. También forman parte de celebraciones significativas como los aniversarios de los beatos mártires y los homenajes a monseñor Enrique Angelelli.

Para este grupo, el tambor es una voz de la madre tierra y un puente entre la fe en Dios y la espiritualidad de los pueblos originarios. En ese sincretismo profundo, la música se convierte en un llamado a la hermandad, a la memoria colectiva y a la reafirmación de una identidad que une naturaleza, fe y cultura popular.