Cada vez más argentinos llegan a las iglesias porque ya no les alcanza para vivir
La Iglesia Católica advirtió que cada vez más personas recurren a Cáritas y a las parroquias para pedir alimentos, medicamentos y ayuda para afrontar gastos básicos. El fenómeno ya alcanza a familias de clase media baja que hasta hace poco colaboraban con las mismas organizaciones que hoy necesitan asistencia.
La crisis económica está modificando el perfil de quienes recurren a las redes de asistencia de la Iglesia en distintos puntos de la Argentina. El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, advirtió que aumentó la cantidad de personas que solicitan ayuda a Cáritas y señaló especialmente la llegada de familias pertenecientes a sectores de clase media baja.
“Hay gente de clase media baja que viene a pedir a Cáritas”, afirmó Colombo al describir una situación que, según señaló, se repite en diferentes lugares del país. El dato adquiere particular relevancia porque, de acuerdo con el titular del Episcopado, algunas de las personas que hoy necesitan asistencia son las mismas que hasta hace pocos meses o años colaboraban con Cáritas para ayudar a otras familias.
La demanda no se limita exclusivamente a la comida. Desde la Iglesia se mencionan necesidades relacionadas con medicamentos, alquileres, servicios y otros gastos esenciales. El incremento de estos pedidos muestra cómo las dificultades económicas están alcanzando a hogares que anteriormente podían sostener sus necesidades con sus propios ingresos.
En abril, Colombo ya había advertido que se observaba un incremento en la cantidad de personas que recurrían a la asistencia de Cáritas y había calificado como “muy complicada” la situación social en los grandes centros urbanos.
Un mes después, el diagnóstico se volvió todavía más preocupante: la conducción de la Iglesia señaló que el deterioro ya comenzaba a atravesar sectores de clase media y media baja. La advertencia se suma a las expresiones de preocupación por el crecimiento de la indigencia y de las situaciones de calle.
La Iglesia cumple desde hace décadas un papel central en las redes de contención social. Cáritas Argentina, que este año cumple 70 años, articula una extensa red de parroquias, capillas, comunidades y voluntarios que desarrollan programas de asistencia y promoción humana en distintas regiones del país.
El aumento de la demanda coloca además presión sobre las propias organizaciones religiosas. Cuantas más familias recurren a estos espacios, mayor es la necesidad de contar con alimentos, medicamentos, recursos económicos y voluntarios para sostener la atención.
El fenómeno también puede observarse en las provincias. En La Rioja, por ejemplo, la Diócesis mantuvo durante junio reuniones con autoridades provinciales para analizar la situación socioeconómica y coordinar acciones destinadas a los sectores más vulnerables. En ese encuentro participaron representantes de la Pastoral Social, Cáritas Diocesana y organizaciones vinculadas con la asistencia comunitaria.
La transformación más significativa está en el cambio del perfil de quienes piden ayuda. Ya no se trata únicamente de personas que históricamente se encontraban en situación de pobreza extrema. También aparecen trabajadores, familias de ingresos bajos y sectores que anteriormente podían afrontar sus gastos cotidianos y que ahora encuentran dificultades para llegar a fin de mes.
El alquiler, los alimentos, los medicamentos, las tarifas y el transporte forman parte de una estructura de gastos que puede dejar sin margen a los hogares cuando los ingresos no acompañan el aumento del costo de vida. Ante esa situación, muchas familias recurren primero a familiares y redes comunitarias y, cuando esos recursos se agotan, llegan a parroquias, Cáritas y otras organizaciones solidarias.
El dato también revela una transformación en la relación entre quienes ayudan y quienes necesitan ayuda. Algunas personas que anteriormente realizaban donaciones o colaboraban con las parroquias ahora se encuentran del otro lado del mostrador. Esta situación fue señalada expresamente por Colombo como uno de los aspectos que más preocupa a la Iglesia.
La Iglesia sostiene que la asistencia resulta necesaria frente a la emergencia, pero también reclama políticas que permitan recuperar las condiciones que posibilitan que las familias puedan sostenerse por sí mismas. La preocupación no se limita entonces a la cantidad de alimentos que deben distribuirse, sino a las condiciones económicas que hacen que cada vez más hogares necesiten recurrir a esa ayuda.
El crecimiento de los pedidos de asistencia se convierte así en otro indicador de la situación social argentina. Mientras los datos macroeconómicos pueden mostrar determinadas señales de estabilización, en las parroquias y organizaciones comunitarias aparece una fotografía diferente: familias que necesitan ayuda para comer, pagar un medicamento, afrontar un alquiler o sostener servicios básicos.
La advertencia de la Iglesia coloca nuevamente en el centro del debate la situación de los sectores más vulnerables y de una clase media que, frente a la pérdida de capacidad de compra y el aumento de los gastos esenciales, comienza a quedar sin margen para enfrentar una emergencia económica.
El desafío para las organizaciones religiosas será sostener una red de asistencia cuya demanda, según advierten sus propios referentes, continúa creciendo. Para el Estado y la sociedad, el fenómeno plantea una pregunta más profunda: qué está ocurriendo con los ingresos y las condiciones de vida cuando quienes antes colaboraban para ayudar a otros ahora necesitan acercarse a una parroquia para pedir ayuda.
